viernes, 5 de noviembre de 2010

Atlanta 2: Bill Maher


El tercero de los videos incluidos en esta entrada puede molestar la sensibilidad religiosa de algunas personas.


"HIV treatment IS POWER.
If you're HIV positive, talk to your doctor about HIV treatment"
Quisiera describir en detalle mi último día en Atlanta, mis  viajes en metro (los muros sin recubrimiento, mostrando la roca cruda, tal como la dejó la excavadora... ¡qué maravilla, vivir en una ciudad que no se está hundiendo cotidianamente en el légamo de un lago desecado!), el deslumbrante centro comercial de la calle Lenox, y el problemón de comprar zapatos para personas ausentes cuando no sabes las equivalencias de las tallas. Las mujeres en el World Congress Center de Georgia, lustrando calzado, ataviadas con minifalda.

Quisiera describir la sorpresa y el desconcierto que sentí al ver letreros en las calles prohibiendo entablar diálogos de contenido comercial con desconocidos. Los increíbles anuncios espectaculares, invitando a las personas infectadas por el virus de la inmunodeficienica humana a consumir medicamentos, ilustrados exclusivamente con fotos de adultos negros. O los otros expectaculares, con niños negros, llamándolos "especie en peligro de extinción".

Pero no debo distraerme.

Era la última noche de un viaje corto, en el que no había tenido oportunidad de recuperarme de un modesto pero real  jet lag, agravado por el hecho de que allá continuaba usándose el horario de inverno. La última noche de insomnio, de prender la tele a las 23 horas, esperando que, ahora sí, Pandillas de Nueva York me provocara sueño y no terror.

Cuando, sin proponérmelo, en el canal HBO, di con él. Espero no tergiversar demasiado un recuerdo que se va alejando.

Su espectáculo es sólo él. Camisa de manga corta, pelo gris un poco largo, narizón y muy blanco. ¿Será judío? Camina de un lado a otro con el micrófono en la mano, riéndose a veces de sus propias ocurrencias. No hay escenografía, no hay patiños. Es él sin compañía y sin subterfugios. Escudado sólo en su inteligencia.

Cuando lo sintonizo, el espectáculo ya debe estar promediando. No sé su nombre. A veces, sus actitudes me parecen un poco femeninas. Está hablando acerca de un senador, dice su nombre, y no parece estar bromeando, aunque su público, en vivo, se desternilla. El senador ha sido descubierto en el interior de un baño en el aeropuerto de Minnesota, con los pantalones (y los calzones) en los tobillos, con los muslos tan separados como es posible, y acompañado de otro varón...


Doctor's building
 El cómico solitario se extraña de que los y las comentaristas en los medios pregunten "¿Qué fantasía tiene el senador en mente?" Y se indigna. "¿Fantasía?" se pregunta varias veces. E imita, exagerándolos, los movimientos del puño propios de la masturbación masculina: "¡Esto es fantasía! ¡Pero no es lo que el senador estaba haciendo!" Ahora imita los movimientos de cadera propios de la cópula: "¡Esto es lo que hacía! ¡Esto no es fantasía! ¡Esto es la realidad! ¡La realidad!"

Me causa muchísima gracia, pero poco a poco voy riéndome menos. Estoy sorprendidísimo. No sigo todos y cada uno de los programas cómicos de la televisión mexicana... al contrario. Pero ni en épocas electorales, ni en medio de las peores campañas de desprestigio, he visto a un cómico mexicano describir así a un político en funciones.

El tío continúa, inmisericorde: "Sé perfectamente que el baño público del aeropuerto de Minnesota es el mayor ligadero gay de la Unión Americana. Pero no voy a decirles cómo lo sé, así que mejor ni pregunten". Ante la insistencia del público, miente (creo): "Oh, está bien. Lo sé perfectamente, porque yo mismo soy gay." Después averiguaría que este cómico es un connotado solterón empedernido, y que salió con la modelo de Play Boy Coco Johnsen, con la escritora Karrine Steffans, y que actualmente lo hace (salir) con una neurobióloga.

Y sigue. Habla de Bush. Habla de Obama. Menciona que conoce a varias jóvenes que estarían gustosas de ser la "Monica Lewinsky" del Presidente Obama. Y aclaró: "No digo que él aprovechara eso, digo que hay chicas que lo dicen. Y eso es bueno. Me gusta vivir en un país donde las chicas creen que sería agradable hacerle una felación al Presidente. Ellas están de mejor humor, de manera que todos estamos también de mejor humor. Y eso es bueno para la nación." No calificó negativamente la actitud de esas mujeres, no las condenó a trabajar rentando sus cuerpos.


Era grandioso. Nunca había visto nada parecido. No humilló a las mujeres, no pretendió ser tan gran copulador que hasta a los hombres copulara, no hizo burla de minoría alguna. Se burló, sí, del racismo y machismo de la sociedad estadounidense, la misma con la que yo apenas acababa de reconciliarme en los pasillos de una librería y en los asientos de un autobús. Y se burló de todos los sinsentidos que estuvieron a su alcance. Lamento tener que añadir que aparentemente (mi inglés no es muy bueno...) adjetivó a Sarah Palin con una palabra, nada amable, de cinco (¿Cinco? Mmh... déjenme ver: "B", "I", "T"... ¡Sí, son cinco!) letras.


Y habló de uno de los temas más sensibles para una enorme porción de la humanidad. En el mismo tono: desenfadado, inteligente, sin concesiones, de manera racional, acumulando dato sobre dato, hasta terminar comparándolo con la terrible escena de la película de Roman Polanski:


Yo había dejado de reír. Estaba estupefacto. Antes de darme cuenta, tenía los ojos humedecidos, y no logré contener las lágrimas por mucho tiempo.

Sólo al final aparecieron algunas actrices, modelando... modelando burkas. Supe entonces que se llama Bill Maher. Me tomó varias semanas recordar que Adrián Robles  había recomendado a Bill Maher en las páginas del blog de Martín Bonfil.

"Pescar" accidentalmente este show en la televisión fue una auténtica conmoción. Imagínense la cantidad de sentimientos y emociones que se me juntaban en esa última noche:

  • La frustración de no haber conocido más de la ciudad: el campus de la Universidad de Emory, los Centers for Disease Control, el World of Coca-Cola...
  • La molestia que sentimos algunos mexicanos cuando somos obligados a despojarnos del calzado y el cinturón durante la revisión de seguridad en el aeropuerto (donde, además, tuve que dejar en el bote de basura mi crema consentida, porque el volumen del frasco excedía el límite permitido).
  • El nerviosismo en la larguísima fila de Inmigración, ya en suelo estadounidense (alguna vez supe, de oídas, de una académica de izquierda, invitada a ofrecer una plática, retenida en Inmigración justo el tiempo necesario para impedirle llegar a ese compromiso).
  • La ciudad, básicamente  vacía. 
  • La amabilidad indiscutible, la sincera empatía, de las personas en los restaurantes, el transporte público, las librerías, las tiendas.
  • Y en el mismo día, los anuncios (a mí me parecieron racistas) y el espectáculo libérrimo de Bill Maher, coexistiendo sin encono.

En México carecemos de algunos de los problemas que hay en los Estados Unidos: no tenemos a poderosos grupos de presión intentando incluir historias "sagradas" en las clases de biología. Nuestros funcionarios, cuando asumen el cargo, no juran sobre una Biblia, sino sobre la Constitución. Los candidatos a puestos de elección no se sienten obligados a convencer al electorado de que su fe es al menos tan grande como la de sus adversarios. La mayoría de los hombres y mujeres públicos, cuando no son ministros de culto, reservan la devoción para la vida privada. Y no iniciamos guerras por indicación de algún  fantasma santo.

Encontrar en una buena librería The god delusion, The end of faith, God is not great, es una cosa. Incluso, del primero y el último existe traducción al español. En cambio, ver por televisión a un cómico verdaderamente liberal, con espectáculo en público, en la misma ciudad de los anuncios antiabortistas... eso es otra muy distinta. Para lograr esa coexistencia en México, todavía nos faltan algunos añitos, me parece...

Tal vez, para proteger esas libertades, esa capacidad de coexistir sin llegar ya no digamos a las agresiones físicas, ni siquiera a las amenazas (con un poco de suerte, y muchísima buena voluntad, incluso para extenderlas a otras naciones, o al ámbito de la política internacional), es necesario que algunos de nosotros nos descalcemos y nos quitemos el cinturón en un puesto de control en el aeropuerto.

Si ese es el precio que hay que pagar, me parece barato.


La bandera mexicana ondeando entre la alemana y
 la japonesa, en el Centennial Olympic Park


1 comentario:

  1. Disfrute mucho la segunda parte, acotando el trabajo publicado que agallas del tipo pero que lindo seria que aquí fuese igual, no pienso que sea mejor país pero si estoy convencido que podríamos ser mejor nación..

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