viernes, 11 de febrero de 2011

6 de febrero: Hombrecillos verdes en Yautepec

Gracias a la generosa hospitalidad de un tío de mi esposa, pude ver el Súper Tazón en la agradable población morelense de Yautepec. En cuanto supe que la invitación coincidiría con uno de mis días de descanso (que, en mi caso, pocas veces es domingo), le propuse a ella aprovecharla para ensayar un poco de astronomía de aficionados.

Durante la mañana del domingo 6 de febrero, otros convidados a la casa de mi tío político hallaron solaz en los juegos de la primera división del futbol nacional. Y al terminar esos encuentros, poco después del medio día, en el programa de un connotado ovnidólatra apapachado por nuestra mayor cadena televisiva, lo que motivó mi indiferencia hacia la pantalla... hasta las 17:30 horas, cuando puntualmente ocurrió el "volado".

Vimos el campeonato con pasión pero con alegría, sin encono. Durante el juego, mi esposa y yo nos asomábamos de vez en cuando al cielo: la Luna estaba a punto de ponerse, y con ella Júpiter (y Urano, que no es visible a "ojo pelón"). Cuando por fin se acallaron los debates enardecidos pero cordiales entre los partidarios de uno y otro equipo (bastante después de haber terminado la trasmisión), y la mayoría de los invitados se retiraba a dormir, mi esposa y yo solicitamos al dueño de la casa que nos hiciera favor de apagar las luces del patio.

No tenemos binoculares, ni telescopio. No fue posible apagar todas las luces artificiales cercanas. La tarde había sido nubosa. Yo había olvidado la brújula. Estábamos cansados. Ninguno de los otros invitados, a pesar del interés previo en el programa del ovnidólatra, se entusiasmó lo suficiente como para acompañarnos. Parecía que nuestra cita con las estrellas, lejos del smog chilango, se iría al traste.

Sin embargo, hacia las 23:30 horas, cuando, ya empiyamados, nos decidimos a intentar la observación, un viento suave y refrescante había despejado por completo el cielo.


Stellarium, 1978. Adquirido hace
20 años en la
Sociedad Astronómica de México
Hace varios meses adquirimos un programa para dispositivo móvil en iTunes Store,  por un precio ínfimo, que proporciona un planisferio celeste, Pocket Universe. Toma en cuenta la fecha y la hora, así como la posición del observador sobre la superficie terrestre, para proporcionar imágenes notablemente confiables del cielo nocturno minuto a minuto. No es nuestro único mapa estelar: tenemos dos de cartón, que están fabricados para usarse desde la latitud de la ciudad de México. Son discos giratorios, de manera que en el círculo más externo se hace coincidir la fecha con la hora, y muestran, también con gran precisión, el aspecto que tienen las estrellas fijas en un momento dado.


Círculo Celeste, adquirido hace
 unos 2 años en Universum
 Los planisferios celestes de cartón, que son especialmente útiles durante las sesiones de observación del cielo estrellado (es decir, de noche) requieren de una linterna; alguna vez tuve una, diminuta, con un led rojo, de muy baja intensidad. La persona que me la vendió (hace alrededor de 15 años) la llamó "lámpara de ratón". Venía encadenada a un anillo para llaves; supuestamente, su utilidad consistía en encontrar el ojo de la cerradura cuando uno llegaba a casa a deshoras, y con los reflejos disminuidos por el abuso de sustancias legales. Era muy adecuada para revisar de noche los mapas celestes, pues no deslumbraba.

Sin embargo, un planisferio impreso es, pese a su mecanismo giratorio, relativamente estático:  solo informa sobre eventos que se repiten con la regularidad de las revoluciones estelares, y omite el paso de planetas, o eclipses, al contrario de lo que hace una app asociada a un dispositivo móvil.

Mapa celeste electrónico, planisferios giratorios, o páginas de libros, tienen todos ellos una característica común: son mucho más útiles si el observador sabe dónde está cada punto cardinal... ¡y nosotros, sin brújula!

Las dos Osas
La Luna ya se había puesto, igual que Júpiter (y Urano, de todas formas inobservable sin ayuda de instrumentos) cuando intenté localizar a  Orión, una de las pocas  constelaciones  que reconozco de inmediato, visible en las primeras horas de las noches invernales. Pero inopinadamente me topé con la Osa Mayor y su forma característica de "cucharón", alineada verticalmente. Usándola como referencia, es facilísimo ubicar el Polo Norte celeste: dos de sus estrellas más llamativas, Dubhe y Merak, apuntan directamente hacia la estrella alfa de la Osa Menor, Polaris, que ocupa ese punto. Aunque el resto de la Osa Menor era invisible para nosotros (quedaba oculta por los cerros que rodeaban nuestra localización), no nos costó trabajo encontrar a Polaris.

El Can Mayor, Orión, y Tauro
Ya ubicado el Polo Norte celeste, dirigimos nuestra vista hacia el Oeste, y encontramos de inmediato a Orión. Es una excelente referencia: siguiendo la línea que forma su "cinturón" se encuentra, en un sentido, a la azulada Sirio, en el Can Mayor (en realidad, una estrella doble), y en el otro, a Aldebarán, el "ojo rojo" de Tauro. Hasta aquí, todo lo habíamos hecho sin ayuda de nuestro Pocket Universe. Tomando en cuenta a las dos Osas, llevábamos identificadas cinco constelaciones.

Las constelaciones que se encuentran cercanas al polo Sur son más difíciles de identificar desde nuestra latitud, y varias (las más meridionales) no son visibles todo el año. Me hubiera encantado echarle un vistazo al Centauro, constelación que rodea a la celebérrima Cruz del Sur (a esta última sólo la he visto una vez, guiado por una astrónoma armada con un maravilloso láser verde, en Buenos Aires). Aunque invisible en ese momento, es fama que su estrella más brillante, o Alfa, es también la más cercana a nuestro sistema solar; la primera en la que yo buscaría a nuestros vecinos extrasolares (porque a los extraterrestres, influenciado por A. C. Clarke, los buscaría en la luna de Júpiter, Europa).

Betelgeuse, el "hombro derecho" de Orión, y Sirio, forman un triángulo casi equilátero con Procyon, la estrella alfa del Can Menor, que de inmediato añadimos a nuestro conteo. El Can Menor es una constelación más bien modesta: a simple vista, sólo dos estrellas pueden verse con facilidad.
Auriga, o El Cochero

Una vez localizado el Can Menor, Orión y el Toro, no fue difícil encontrar, casi en el zenit, a Cástor y Pólux, en Géminis. La constelación de El Cochero, o Auriga, con su llamativa estrella principal, Capella, se nos ofrecía a la vista espontáneamente luego de ese hallazgo, algo más al noroeste, como un hexágono irregular. Ocho de 88... casi el 10%. Estábamos muy sorprendidos de lograr lo que para nuestra escasa experiencia lucía como una altísima tasa  de éxitos.


Leo
Dirigimos entonces la vista al Este. Nos pareció que allí era menor la densidad de estrellas observables. Justamente por eso, un astro especialmente brillante llamó nuestra atención. Auxiliados por el planisferio electrónico, decidimos que debía tratarse de Régulo, y rápidamente pudimos identificar al resto de los componentes de Leo, que a mis ojos poco entrenados tomó la forma de un hexágono muy alargado en sentido vertical,  con una punta inferior, y una curiosa protuberancia en forma de "L" hacia el Norte. Una vez descubierto Leo, sorprende no haberlo visto antes: tan característico que prácticamente se identifica por sí solo. Sin embargo, yo no pude localizar Cáncer, a pesar de esforzarme en ello. Sólo pude conceptualizarlo como el hueco que quedaba entre Géminis y Leo. Mi esposa me asegura que ella sí logro distinguir algunas estrellas de Cáncer.

Aunque a esa hora Virgo ya debía estar despuntando en el Este, con su Spica en primer lugar, los cerros que nos rodeaban, y el cansancio acumulado, nos impidieron localizarla.

Suspendimos la observación después de casi una hora, muy satisfechos, a pesar de que sabíamos que soslayábamos un montón de cuerpos celestes interesantes y visibles.

Estábamos llenos de recuerdos de la Noche de Estrellas que  2 años antes nos tocó gozar en el Planetario de la ciudad de Buenos Aires. Esa vez tuvimos la suerte de observar el  paso a través del firmamento de un satélite artificial.

Nada vimos, observadores ocasionales y mal entrenados, pero dedicados y con ánimo de conocer cada vez más, que no pudiera ser explicado racionalmente. Nada que, en rigor, se pudiera llamar "no identificado", ni en Buenos Aires ni en Yautepec.

Aunque bien visto, no le faltaron hombrecillos verdes a la noche del 6 de febrero, por lo que me permito enviarles una foto de uno de ellos, rodeado de estrellas y astrónomos.
El único hombrecillo verde que pudimos descubrir
la noche del 6 de febrero de 2011
en Yautepec, Morelos, zona afamada por la
frecuencia de sus "avistamientos de extraterrestres".








viernes, 14 de enero de 2011

¿Viaje por el corazón?


Hipatia sosteniendo
un cráneo de juguete


 Una antigua exposición temporal

Ignoro qué tan confiable sea el recuerdo: tenía décadas perdido. Décadas.

Debo de tener alrededor de 11 años. Mmh… tal vez menos. Mi padre nos ha llevado, a mi hermano menor y a mí, a una exposición temporal (¿en la colonia Juárez?) traída por lo que, en mi oscura memoria, se denomina "Museo de Cera de París" (pero no estoy seguro, ahora, de que esto sea exacto). Lo primero que viene a mi mente, lo que más me impresiona… No. Permítanme dejar para un poco más adelante la descripción de la pieza que más me impactó, la pieza que me sirve de ancla para volver a este recuerdo.

Hay manos “amputadas”, modeladas en cera, pálidas, con las uñas un poco más largas (y sucias) de lo que ahora las uso yo. Paños blancos colocados debajo de las extremidades se extienden hacia atrás, cubriendo el “muñón”. También cabezas “de ahorcado”, convenientemente amoratadas e hinchadas, con los cuellos “cercenados” para “separarlas” del resto del cuerpo, la lengua de fuera, y los ojos entreabiertos. Nuevamente, un delicado lienzo blanco cubre de la vista el horror de la “herida” abierta. Y órganos completos, aunque ésos los recuerdo con menos nitidez.

Lo más importante es una sala dedicada a la reproducción humana, separada del resto de la exhibición por espesos cortinajes negros. Al llegar a ella, una vigilante le informa a mi padre que mi hermano y yo sólo podemos entrar allí si él expresamente lo consiente. Es decir, el “Museo de Cera de París” no se opone a que esa sección sea visitada por menores de edad, pero exige al responsable del menor que lo manifieste claramente. Mi hermano y yo esperamos de pie, aburridos, unos 15 minutos, al cuidado de la vigilante, a que mi padre terminara de visitar la sala… yo creía que mi posesión de una Visible Woman con su útero grávido transparente, y del libro Un niño va a nacer (cuya primera edición es precisamente del año en que yo nací), del fotógrafo sueco Lennart Nilsson (ahora reeditado en español con el título de Nacer: la gran aventura), me garantizaban el acceso…

No entendía entonces, y no entiendo ahora, porqué la cabeza separada del cuerpo de un “ajusticiado” puede ser socialmente más aceptable que los genitales de una mujer, encinta o no.

Back to the present

Mundos corporales
en Universum
Estamos en Universum. Admiramos un video en el que se muestra la función del sistema circulatorio. A mi lado, mi hija Hipatia, de 3 años, nos “explica” (a mi esposa, a mi madre, y a mí) cómo es que el corazón bombea la sangre a través de las arterias… el concepto le resulta muy familiar, pues ella ha escuchado latidos cardiacos, con mi estetoscopio aplicado a su propio pecho (o al mío) innumerables veces.
 Es la voz de Hipatia imitando los ruidos del corazón después de la paciente explicación a su tozudo padre lo que reconstruye en mi memoria un diorama con unas palanquitas que hacían las veces de válvulas cardiacas, con sonidos incluidos, en la exposición del “Museo de Cera de París”: la pieza que más me impresionó, en aquella hasta hoy olvidada visita, hace unos 35 años. ¡De manera que lo que produce los ruidos cardiacos no es la contracción del músculo, sino el cierre de las válvulas…!

"CE-RE-BRO"
Claro que Hipatia cree que estamos ante modelos de plástico, como aquel que tengo en mi estudio y con el que frecuentemente ella pide jugar, para mostrarnos, orgullosa, como es que dentro del CRÁ-NE-O se aloja el CE-RE-BRO (lo que indirectamente nos sirve a mi esposa y a mí para verificar cómo avanza su pronunciación del fonema "r"). Cuando intento explicarle que se trata de personas reales, cadáveres plastificados, me mira con absoluta extrañeza. No vuelvo al punto, pues temo que ahora vaya a tranquilizarme insistiendo en que se trata de juguetes, como el que ella tiene en casa... no sea que yo me espante...

El cuerpo humano: real + fascinante

En la ciudad de México, la primera exhibición de cuerpos plastinados destinada al gran público, y con propósito comercial, se presentó del 11 de marzo al 30 de abril de 2006, con el título de El cuerpo humano: real + fascinante. Volvió a presentarse, en el mismo auditorio (el antiguo cine Polanco, en la calle de Moliere) en junio de 2010.

Tuve el honor de reseñar la primera de esas exhibiciones para la magnífica revista ¿Cómo ves? en su número 90, de mayo de 2006.Voy a permitirme copiar un párrafo de aquel texto:

La plastinación es una técnica de conservación de cadáveres inventada en 1975 por el médico alemán Günther von Hagens. En vez de encapsular los órganos en plástico, von Hagens idea una forma de introducir un polímero, literalmente, en cada una de las células del espécimen, que puede ser un fragmento de tejido, un órgano... o un cuerpo completo. Günther von Hagens resulta ser no sólo el inventor de la plastinación sino, dado el carácter expresivo que imparte a los cuerpos que presenta, el autor de lo que algunos no dudan en calificar de esculturas en las que la materia prima son cadáveres obtenidos por donación. A partir de 1995, sus "obras", agrupadas bajo el nombre de Mundos corporales, han recorrido 12 países de tres continentes. Nunca se han exhibido en México. 

Así que ahora mi artículo en ¿Cómo ves? se quedó obsoleto: En Universum puede admirarse Body worlds, la exhibición original.

De todo corazón...

Sentí un enorme gusto cuando supe que visitaríamos en familia la famosa y hasta ahora inaccesible (al menos para nosotros, mexicanos un poco menos que clasemedieros, que sólo ocasionalmente logramos viajar a otros países) colección, nada menos que con los cuerpos originales trabajados por el inventor de la técnica de plastinado. Tan grande era la emoción, que incluso, de manera más bien inconciente, depuse mi habitual escepticismo y "espíritu" (mmh) crítico, lo que me llevó a olvidar a "Dorita", mi grabadora de mano (acompañante indispensable y utilísima para registrar los acontecimientos, sobre todo en lugares a los que no se puede llevar cámara fotográfica). Aprovechando que los miércoles se extiende el horario de entrada, programamos nuestra visita para el 5 de enero.

Lo primero que nos recibe es una grabación recordándonos que el uso de cámaras fotográficas y teléfonos celulares está prohibido (por lo que las imágenes que acompañan a estas líneas corresponden a nuestro juguete, adquirido gracias a la paciencia de mi esposa, pieza a pieza, los fines de semana, en puestos de periódico). Nos proporcionan nuestros aparatos de audioguía, y ¡aquí está! apenas pasando un torniquete, la primera pieza: un corazón plastinado.

 Algo, sin embargo, choca: parece burdo; prácticamente tiene rebabas, como los soldados de Toy story, o mi propio juguete.  Lo siguiente es lamentar ¡de todo lóbulo frontal!  no haber traído a "Dorita": las frases que adornan los muros de Universum  no tienen desperdicio.

El corazón como la fuente del valor... el corazón como sede indiscutible del amor... el corazón, ya se lo dijo el Zorro al Principito, como el único órgano del cuerpo con el que se puede ver lo auténticamente esencial... ¡Y además,  con los textos en inglés!

Lamentablemente no encontré citas de El corazón de las tinieblas, aunque creo que algunos de los sentimientos que describe esta novela pueden ser compartidos por los visitantes que se impresionan fácilmente frente a los cuerpos muertos.

¿Y la ciencia? Es decir, estamos de acuerdo en que algunas emociones se perciben como "un vuelco del corazón", o se acompañan de taquicardia, y en algunos casos nada envidiables, hasta de dolor en el tórax. Pero de ahí a creer que es en la víscera cardiaca donde se originan...
No voy a describir la exposición (que es fascinante) pieza por pieza, o sección por sección. Baste decir que las dos impresiones iniciales (el disgusto por ver algunas piezas que parecen de manufactura descuidada, o que con el paso del tiempo y los visitantes se han maltratado; y el desconcierto por el enfoque anticientífico de algunos páneles) me acompañaron durante la primera mitad de la visita. Me sentí especialmente molesto cuando descubrí un corte horizontal del encéfalo... que estaba roto.
La segunda mitad fue más disfrutable, pues abundan los cuerpos presentados en posiciones extremas, incluso practicando deportes como la gimnasia, el hockey sobre hielo, o el tiro con arco (cadera izquierda y muñeca derecha luxadas, para lograr la composición...). Pero sobre todo, porque decidí concentrarme en las reacciones de mi hija, que parecía gozarlo todo.
Sigo pensando que la plastinación es una oportunidad casi inmejorable para aumentar el conocimiento de la anatomía: no hay olores ni secreciones viscosas. Incluso, al despojar a los cuerpos de la mayor parte de la piel (aunque a los plastinadores les encanta dejar en su sitio la vulva y los pezones), los cuerpos lucen bastante poco aterradores, muy poco cadavéricos.
Sólo queda preguntar: si en esta exhibición, centrada en el corazón, se manejan tan a la ligera las ideas de valor, amor, compenetración emocional... ¿cuando preparen un "Viaje al cerebro" nos van a presentar "evidencias" de la existencia del "alma" y su papel en la vida mental?