jueves, 11 de octubre de 2012

Blasfemias

(Advertencia: el contenido de esta entrada puede herir susceptibilidades)


El 30 de septiembre se conmemora el Día Internacional por el Derecho a Blasfemar. Debo confesar que la idea de lanzar imprecaciones en contra de alguna deidad me parece infantil.

Sometiéndose

Linda música. Linda voz femenina. Escribo estas líneas el 26 de septiembre de 2012. Estoy viendo en youtube un video "subido" hace alrededor de 6 años en esta versión con subtítulos en español, Sumisión.

Las primeras palabras son en una lengua incomprensible para mí, pero después continúa la narración en inglés, del que algo entiendo. Se trata de un monólogo, una ficción dramática, 4 historias sin título, 4 mujeres sin nombre encarnadas por una misma actriz. 

Dura menos de 11 minutos. A partir de 01:20, escuchamos a una reclusa contar cómo se hizo delincuente.En 03:20 la narradora describe su noviazgo y matrimonio con Aziz. En 04:40, algunos detalles interesantes de la vida familiar de otra mujer.Y a partir de 06:15, la última chica nos cuenta acerca de su vínculo con su tío Hakim y con su padre.

Tengo la impresión de que ninguna de las imágenes es de mal gusto o grotesca, pero desde luego este juicio es rebatible. No se muestran actos de violencia. No hay desnudos, aunque la ropa de la actriz permite ver su tórax a través de la tela. No escuché insultos, no se denigra directamente a persona o institución alguna. Y sin embargo, he titubeado muchísimo antes de decidirme a añadir el enlace directo: cuando vi el filme por primera vez, hará un par de horas, me pareció sumamente perturbador.


El guión es de Ayaan Hirsi Ali, una controvertida somalí que mintió en su solicitud para lograr la nacionalidad en Holanda, donde fue miembro del parlamento. Cuando la falsificación se descubrió, tuvo que dejar el cargo y el país. La película fue realizada en 2004, año en el que la trasmitió la televisión holandesa.

Theo van Gogh, director de Sumisión, fue asesinado un par de meses después. Un día, mientras circulaba en su bicicleta por un parque, le dispararon en la cabeza. Cuando cayó, recibió 7 disparos más. Su agresor intentó decapitarlo con un cuchillo, allí, en la vía pública, pero finalmente se contentó con clavarle en el pecho una carta con amenazas contra Ayaan Hirsi Ali. No voy a homenajear a su asesino escribiendo aquí su nombre.

En congruencia con el contenido del filme, ella, oculta, ha continuado su lucha como activista en favor de los derechos de la mujer.

La palabra "islam", etimológicamente, conlleva la idea de sumisión.

El oso peligroso

¿En qué podría estar pensando Gillian Gibbons cuando sugirió a sus alumnos imponerle un nombre (temo usar la palabra "bautizar") a un oso de peluche? ¿Qué aviesa intención podría haber tenido su conducta, como para llevar al gobierno de Sudán, donde ocurrieron los hechos, a acusarla de "blasfemia" y "prostitución", entre otras lindezas? Para su mala fortuna, sus alumnos, muchachos de 6 ó 7 años, escogieron "Mahoma" para nombrarlo. Supongo que en México el equivalente sería llamar "Jesús" o "Eloy" a un juguete, y dudo que tuviera mayor trascendencia. Ése no es el caso en Sudán...

Al arresto de la profesora siguieron multitudinarias manifestaciones exigiendo su ejecución. Sólo fue liberada, por perdón presidencial, luego de que dos parlamentarios británicos (musulmanes) se reunieran con ese funcionario sudanés.

Actriz pecadora

Las fotos y la historia de Malala Yousufzai traen a mi mente el caso de Afshan Azad, la actriz británica de origen bangladeshi que interpretara a la hechicera Padma Patil en las películas de Harry Potter. En mayo de 2010 recibió amenazas de muerte por parte de su padre y su hermano, y golpes por éste, luego de que se descubriera que salía con un varón que no compartía su fe musulmana.

Malala y el autobús escolar

Malala Yousufzai.
De la página web de CNN
Como a veces me sucede, se me pasó el 30 de septiembre, que era la fecha en la que quería publicar esta entrada, y había pensado dejarla reposar un año más, inconclusa como estaba, durmiendo el injusto sueño de los... como se diga.

Pero un texto difundido por Mauricio-José Schwarz que leí ayer me obligó a dejar la poltrona.

¿Qué tan peligroso es escribir un blog? Desde un departamento (ajeno) en la ciudad de México, oyendo  los juegos de los niños en la escuela primaria cercana, parecería que el principal riesgo que corro es el de procrastinar, dejar para después asuntos urgentes, cosa que hago rutinariamente, con poco esfuerzo, y con enorme eficiencia. Pero ese no parece ser el caso de Malala Yousufzai, de 14 años. Me refiero a los peligros de escribir en redes sociales.

Célebre bloguera en Pakistán, musulmana y residente del valle de Swat, una región que primero fue atractivo turístico y después enclave de los talibán, se ha hecho de un nombre por protestar ante las intromisiones de este grupo fundamentalista en la vida privada de las personas; principalmente, por la prohibición de que las niñas y mujeres puedan recibir educación formal fuera de casa. Parece que en este contexto la palabra "cruzada" es especialmente desafortunada; digamos que una de las banderas de esta chiquilla es su derecho a asistir a la escuela, y recibir conocimientos laicos, seculares. En el 2011 fue una de las cinco finalistas para recibir el Premio Internacional de la Paz para Niños, y ganó el primer Premio Nacional Pakistaní de la Paz.

Hace 2 días, hombres armados detuvieron la camioneta en la que Malala viajaba junto con otras dos niñas. Preguntaron por ella, y cuando la identificaron abrieron fuego. Las otras dos pasajeras tuvieron heridas leves, pero Malala fue alcanzada en el cuello. Actualmente se recupera del balazo que recibió. Los talibán se adjudicaron el atentado, y prometieron no fallar en el siguiente. Pakistán es un país en el que las leyes contra la blasfemia contemplan la cadena perpetua y la pena de muerte para los infractores.

Derecho de ofender

¿Existen límites a la libertad de expresión? 

¿Puede un funcionario imbécil en un acto oficial hacer bromas desdeñosas sobre preferencias sexuales diferentes de la suya? ¿Debe permitirse a una mujer de 14 años manifestar en redes sociales de alcance mundial su desagrado con las costumbres locales? ¿Es correcto que una maestra de primaria estimule a sus alumnos menores de 10 años a nombrar a un juguete como mejor les parezca? ¿Es legítimo que una guionista y un director de cine intenten dar voz a las que no la han tenido?

Creo que la respuesta a todas estas preguntas es afirmativa. 

Parece claro que tenemos derecho a una serie de cosas: a un nombre, una nacionalidad, a educación, al acceso a los servicios de salud, y, entre otras muchas más, a expresarnos. Y si yo tengo derecho a dar a conocer mis opiniones, el recipiente de mi mensaje debería tener, en contraparte, el derecho a decidir que no desea seguir recibiéndolo, y darse media vuelta, apagar la tele o el radio, salirse de la sala de cine, cerrar el libro o cambiar la pantalla. Mi interlocutor tiene claramente el derecho de no escuchar.

El que recibe puede decidir no seguir recibiendo. No es su obligación (como persona) escuchar.

Lo que difícilmente puede alegar es derecho a no ser ofendido.

http://de-avanzada.blogspot.mx/2012/07/que-piensas-del-dios-polinesio-lono.htm 
Imaginemos algunas situaciones extremas: Hoy, un farmacólogo ofrece una conferencia sobre las interacciones medicamentosas de la "hierba de san juan". Mañana, la comunidad naturópata se manifiesta ofendida, y exige que se limite el acceso de ese farmacólogo a los medios masivos de comunicación. ¿Parece razonable?

Hoy, una cadena televisiva, un diario, un semanario, declara abiertamente, como ocurre en el resto del mundo, que su línea editorial incluye la simpatía por las propuestas de un candidato o su partido. Mañana, una organización de alumnos de universidades privadas, ofendida, exige que la sociedad establezca un órgano censor, que prohiba el desvelamiento (saludable y meritorio, porque le permite al público de ese medio tomar mejores decisiones) de esa afinidad. 

Hoy, un grupo de usuarios de drogas suaves que maneja comunas agrarias semiautónomas, regala flores afuera de los templos, anudadas con un listón de color rosa mexicano que lleva bordada una leyenda a favor del libre disfrute de la sexualidad. Mañana, la ofendida liga de la decencia "#YoDetestoEl-69" exige que la policía les impida usar las calles (que no obstruyen) a toletazos. 

Hoy, un artesano manufactura una figura de porcelana, que los fieles de una secta dosmilenarista califican de "sagrada" y "milagrosa". Mañana, una escisión de esa secta exige que sean retirados de todas las habitaciones y sitios públicos del imaginario reino (que sufre por falta de agua y de servicios sanitarios) los excusados, mingitorios y bidets, por "ofender la materia divina".

No es posible andar por la vida con un catálogo de objetos sagrados para la conciencia ajena. Ese catálogo sería infinito, y se modificaría constantemente. No es posible manifestar alguna idea si nos frena el temor a ofender a los que no la comparten. Cualquier persona puede resultar ofendida hasta por la opinión más razonable.

No existe tal cosa como el derecho humano a no ser ofendido. No existe tal cosa como el derecho a que una idea, una opinión, un punto de vista, se escapen del escrutinio crítico, una vez que han sido proferidos, hechos públicos, compartidos. Opinamos sin restricción (y frecuentemente, sin información suficiente) sobre política, arte, ciencia, cuestiones sociales. ¿Por qué los asuntos religiosos merecerían consideración en ese sentido?

Entonces, ¿no existen límites para la libertad de expresión? ¡Desde luego que sí! Fernando Escalante Gonzalbo, articulista del diario La Razón, ha sido claro en señalarlos:  las ideas no son dignas de respeto; las personas, . En el mismo sentido me expresé yo, hace ya tal vez un par de años, en un anexo de este blog.

Día internacional por el derecho a blasfemar

El 30 de septiembre de 2009, coincidiendo con el 4° aniversario de la publicación en Dinamarca de cartones satíricos acerca del islam y Mahoma, el Centro para la Indagación llamó a participar en una irreverente festividad, no tanto como una competencia de obscenidades sino como un recordatorio acerca de la urgencia de revisar y combatir las leyes que castigan la "blasfemia", y promover la libertad de expresión.

Acerca del más reciente festejo, la página del Centro comenta: "Existen diversas formas de conmemorar el Día Internacional por el Derecho a Blasfemar (...), incluyendo el mero hecho de autoeducarse acerca de la amenaza que para los derechos humanos y el libre discurso representan las leyes que castigan la blasfemia. Este año, el Centro para la Indagación ha decidido usar el Día Internacional por el Derecho a Blasfemar como punto de lanzamiento para una nueva Campaña por la Libertad de Expresión, que incluirá, entre otras cosas, un sitio web dedicado a resaltar la labor de personas que han sufrido persecución por ejercer su libertad de palabra."

El 30 de septiembre se conmemoró el Día Internacional por el Derecho a Blasfemar. Debo confesar que la idea de lanzar imprecaciones en contra de alguna deidad me parece infantil.

En cambio, la idea de combatir la existencia de leyes que sancionan la blasfemia, y denunciar a grupos y autoridades que se escudan en ese delito para acallar la voz de la razón, me parece urgente y necesarísima.